Google
 

viernes, 16 de noviembre de 2007

Adaptaciones curriculares individualizadas (Tercera Parte)

Después de analizar en anteriores artículos la toma de decisión de una adaptación curricular y la elaboración de la misma, pretendemos en este tercer y último artículo abordar las últimas cuestiones en torno al tema que nos ocupa y dar así por concluida esta aproximación que hemos llevado a cabo a lo largo de estos tres artículos.

Bien, una vez hemos decidido que es conveniente realizar una adaptación curricular individualizada a un determinado alumn@, y posteriormente hemos elaborado con detalle el documento donde figuran los objetivos curriculares ¿ahora qué se debería hacer?
Nos hallamos ante dos posibles alternativas: La primera es la que el documento quede en un cajón olvidado y que la adaptación curricular la utilizemos como etiqueta de “chic@ con dificultades” y nos sirva como excusa para “aparcarlo” y no preocuparnos por él.
La segunda pasa por una correcta aplicación y evaluación del Aci. Y es en estos dos aspectos en los que nos vamos a detener para plantearnos algunas cuestiones.

Podemos decir que si los objetivos están bien planificados y secuenciados, la consecución de los mismos es más factible. No obstante, hay que ser realistas y saber que requiere un tiempo de preparación por parte del profesor. En primer lugar se ha de pensar cual es la metodología didáctica que vamos a utilizar para que nuestro alumn@ aprenda aquello más significativo de la lección. En segundo lugar se han de planificar las actividades u ejercicios más adecuados a las características del alumnn@. Y en último lugar se ha de pensar el tipo de evaluación que vamos a aplicar para examinar a nuestro alumn@. En definitiva se trataría de diversificar las actividades de enseñanaza y aprendizaje para que todos los alumnos, sean Acis o no, tenga la oportunidad de acceder al conocimiento.
Este último aspecto, el de la evaluación, resulta crucial a la hora de que las adaptaciones curriculares individualizadas tengan éxito. En ocasiones, a pesar de que se adaptan la didáctica y la práctica de las asignaturas, se cae en el error de evaluar a los alumnos Acis con el mismo criterio que el resto de la clase. En este sentido se debe procurar una evaluación continua que incluya diversas prácticas de evaluación, entre ellas también la oral, y que no se limite a los tradicionales exámenes largos y densos que es justamente donde los alumnos con Acis (tdah, dislexia…) muestran mayores dificultades.
Cuando llega el momento de calificar, se ha de tener en cuenta el progreso de estos alumnos con respecto a sus objetivos curriculares. En ocasiones nos encontramos a alumn@s que se esfuerzan, logran aprender cosas pero que luego sin embargo obtienen un suspenso en sus notas ya que a pesar de todo, su nivel es más bajo que el de grupo clase. Esto conlleva una desmotivación absoluta y a hacerles pensar que el esfuerzo no ha servido para nada. Esto no quiere decir que todos los Acis deben aprobar, si mucho menos, ya que continuará habiendo alumn@s que a pesar de tener unos objetivos más asequible a sus posibilidades no se esfuercen y merezcan por tanto suspender. Pero por el contrario, habrá otros que si merezcan aprobar. En estos casos debe quedar reflejado en el boletín de notas del alumno y en el libro de escolarización.
Estas indicaciones acerca de la evaluación provocan cierta desconfianza y reticencia en algunos profesores, que no entienden como alumnos con capacidades cognitivas “normales” pueden suspender alguna asignatura, mientras que los alumnos Acis, con capacidades cognitivas menores, puedan llegar a aprobarlo todo.
A modo de conclusión decir que el tema de las adaptaciones curriculares es complejo y que en la mayoría de ocasiones ni equipos directivos ni claustro de profesores llegan a tener una idea clara y compartida en torno al tema. La premisa que tod@s deberíamos tener clara es que es un instrumento que ha de beneficiar al profesorado y al alumno. Si esto esta claro, las cuestiones formales y burocráticas quedan en un segundo plano. El peligro reside, tal y como vemos en muchos colegios, cuando el Aci se convierte en una medida que padres y tutores intentan evitar, señal inequívoca de que algo no funciona.