“No puedo parar de preocuparme”, “Es como si tuviera un motor interno”, “Si no me preocupo por una cosa lo hago por otra”, este tipo de expresiones suelen ser más habituales de lo que nos pensamos, como igualmente lo son los comentarios que los demás hacen: “Estás todo el día preocupándote”, “Te preocupas por cada cosa…”, “¿De qué te sirve preocuparte por eso?”
Las preocupaciones, por si mismas, no son malas, al contrario, pueden orientarnos hacia el problema y hacer que movilicemos los recursos necesarios para solucionarlos.
Sin embargo, cuando la preocupaciones nos hacen sentir mal (inquietud, nerviosismo, irritabilidad, tensión, dificultades para dormir, falta de concentración, etc.), cuando hacen que gastemos mucho tiempo de nuestro día en ellas afectando a nuestro trabajo o a nuestras relaciones, cuando hacen que nos centremos en problemas que no podemos solucionar, o incluso cuando sentimos que no las podemos controlar, entonces podemos afirmar que se tratan de preocupaciones de carácter patológico.
En la Psicología clínica estos síntomas se agrupan en un trastorno que se denomina trastorno ansiedad generalizada o TAG. Muchas de las personas que lo sufren comentan que desde edades tempranas han tenido “esta forma” de preocuparse, llegando a considerarse personas “nerviosas de toda la vida”. Los estudios afirman que el trastorno suele iniciarse en la infancia o en la adolescencia, y que en ocasiones suelen surgir a raíz de situaciones o eventos que la persona experimenta como muy estresantes (algunas veces traumáticos) y de ciertos estilos educativos de los padres (sobreprotección, autoritarismo, incoherencia, etc.) que favorecen apegos inseguros en sus hijos.
Los tratamientos que se han demostrado eficaces para este trastorno han sido, la farmacoterapia (generalmente antidepresivos) y la terapia psicológica (cognitivo – conductual). Sin ánimo de profundizar en cada uno de ellos, analizaré los puntos más importantes:
Se ha observado que los fármacos son eficaces de cara a la ansiedad (sobre todo para los síntomas físicos), pero lo son a corto plazo, dando malos resultados a la larga. Suelen tener multitud de efectos secundarios negativos, algunos pueden generar cierta dependencia (p.ej benzodiacepinas) y cuando se suspende su administración las personas suelen recaer en el trastorno.
El abordaje psicológico, en especial la terapia cognitivo-conductual, parece ser el más indicado para este tipo de problema, ya que la característica fundamental radica en cambiar “la forma” de pensar, esta tendencia psicológica a funcionar preocupándonos y que nos hace sentir mal. Con la terapia abordamos el problema desde diversas facetas:
Por una parte, trabajamos con el malestar producido por la ansiedad y sus síntomas mediante el aprendizaje y práctica de técnicas de afrontamiento (respiración controlada, relajación progresiva, etc. ).
Por otra parte, abordamos la faceta más “psicológica”, que la persona aprenda a gestionar y controlar sus preocupaciones mediante el aprendizaje de estrategias que terminará incorporando de manera natural a su vida. En líneas generales, trabajamos con la persona para que a aprenda a ser más tolerante con la incertidumbre que rodea su vida, a ser más crítico y cambiar las creencias equivocadas que pueda tener sobre la utilidad de preocuparse, que aprenda a afrontar adecuadamente los problemas poniendo en marcha todos sus recursos (p. ej técnicas de resolución de problemas) si estos problemas se pueden solucionar, o aprender técnicas y estrategias para la aceptación de aquellos que no se pueden solucionar (p.ej. miedo a la muerte).
Evidentemente la terapia que realizamos es mucho más que esto, aquí solo me he centrado en aclarar los “pilares más básicos” que sustentan este problema y que con frecuencia va unido a otros muchos que la misma terapia podría atender. Si consideras que tienes este tipo de preocupaciones, no lo dudes, podemos ayudarte.
Sergio García Morilla
Las preocupaciones, por si mismas, no son malas, al contrario, pueden orientarnos hacia el problema y hacer que movilicemos los recursos necesarios para solucionarlos.
Sin embargo, cuando la preocupaciones nos hacen sentir mal (inquietud, nerviosismo, irritabilidad, tensión, dificultades para dormir, falta de concentración, etc.), cuando hacen que gastemos mucho tiempo de nuestro día en ellas afectando a nuestro trabajo o a nuestras relaciones, cuando hacen que nos centremos en problemas que no podemos solucionar, o incluso cuando sentimos que no las podemos controlar, entonces podemos afirmar que se tratan de preocupaciones de carácter patológico.
En la Psicología clínica estos síntomas se agrupan en un trastorno que se denomina trastorno ansiedad generalizada o TAG. Muchas de las personas que lo sufren comentan que desde edades tempranas han tenido “esta forma” de preocuparse, llegando a considerarse personas “nerviosas de toda la vida”. Los estudios afirman que el trastorno suele iniciarse en la infancia o en la adolescencia, y que en ocasiones suelen surgir a raíz de situaciones o eventos que la persona experimenta como muy estresantes (algunas veces traumáticos) y de ciertos estilos educativos de los padres (sobreprotección, autoritarismo, incoherencia, etc.) que favorecen apegos inseguros en sus hijos.
Los tratamientos que se han demostrado eficaces para este trastorno han sido, la farmacoterapia (generalmente antidepresivos) y la terapia psicológica (cognitivo – conductual). Sin ánimo de profundizar en cada uno de ellos, analizaré los puntos más importantes:
Se ha observado que los fármacos son eficaces de cara a la ansiedad (sobre todo para los síntomas físicos), pero lo son a corto plazo, dando malos resultados a la larga. Suelen tener multitud de efectos secundarios negativos, algunos pueden generar cierta dependencia (p.ej benzodiacepinas) y cuando se suspende su administración las personas suelen recaer en el trastorno.
El abordaje psicológico, en especial la terapia cognitivo-conductual, parece ser el más indicado para este tipo de problema, ya que la característica fundamental radica en cambiar “la forma” de pensar, esta tendencia psicológica a funcionar preocupándonos y que nos hace sentir mal. Con la terapia abordamos el problema desde diversas facetas:
Por una parte, trabajamos con el malestar producido por la ansiedad y sus síntomas mediante el aprendizaje y práctica de técnicas de afrontamiento (respiración controlada, relajación progresiva, etc. ).
Por otra parte, abordamos la faceta más “psicológica”, que la persona aprenda a gestionar y controlar sus preocupaciones mediante el aprendizaje de estrategias que terminará incorporando de manera natural a su vida. En líneas generales, trabajamos con la persona para que a aprenda a ser más tolerante con la incertidumbre que rodea su vida, a ser más crítico y cambiar las creencias equivocadas que pueda tener sobre la utilidad de preocuparse, que aprenda a afrontar adecuadamente los problemas poniendo en marcha todos sus recursos (p. ej técnicas de resolución de problemas) si estos problemas se pueden solucionar, o aprender técnicas y estrategias para la aceptación de aquellos que no se pueden solucionar (p.ej. miedo a la muerte).
Evidentemente la terapia que realizamos es mucho más que esto, aquí solo me he centrado en aclarar los “pilares más básicos” que sustentan este problema y que con frecuencia va unido a otros muchos que la misma terapia podría atender. Si consideras que tienes este tipo de preocupaciones, no lo dudes, podemos ayudarte.
Sergio García Morilla






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