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miércoles 11 de julio de 2007

Los celos

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Hoy en día, quien más y quien menos, hemos experimentado lo que es tener celos hacia alguna persona. Por eso sabemos que los celos son una alteración cognitiva, emocional y conductual que aparecen como consecuencia de algo y que producen unas causas determinadas.
Durante los primeros años de vida, el todavía bebé y después niño, desarrolla una conducta de apego y de vinculación afectiva y física, inicialmente con su madre y posteriormente con su padre. En este sentido se crea un fuerte vínculo que llevan al niño a considerar a sus padres como posesión suya. En el momento en que aparece la amenaza, sea o no sea justificada, que pone en peligro tal vínculo aparecen los celos ante el miedo de perder el afecto hasta ahora recibido o la exclusividad de este afecto.
Los celos son un fenómeno que pueden aparecer con normalidad entre el primer y el séptimo año de vida, aunque no tienen edad cronológica, ya que pueden aparecer también entre personas adultas siempre que se establezca un relación afectiva recíproca entre ellos.

Las causas más habituales de la aparición de celos son el nacimiento de un nuevo hermano, la rivalidad fraterna, la envidia, el miedo a perder el afecto o la ruptura de algún vínculo.

Las manifestaciones de estos celos abarcan aspectos conductuales (lloriqueos, rabietas, negativismo, agresividad…) aspectos emocionales (tristeza, aislamiento, mentiras, miedos) aspectos psicosomáticos (eneuresis, mareos, dolores…) aspectos escolares (dificultades de aprendizaje, incumplimiento de normas, absentismo escolar..) y aspectos familiares (envidias, rivalidad entre hermanos…)

Y es justamente desde el ámbito familiar donde se deben poner mayores atenciones y esfuerzos para prevenir la presencia de celos. Algunas orientaciones que nos pueden ayudar en este cometido son las siguientes: no establecer comparaciones entre hermanos, evitar amenazas o castigos que implican la privacidad del afecto, dar una información adecuada de la llegada de un hermano, ayudar a los niños a verbalizar sus sentimientos, darles una atención adecuada, evitar ser sobreprotectores…

martes 10 de julio de 2007

Mi hij@ tartamudea que puedo hacer

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Es muy común que los niñ@s tartamudeen (disfemia en términos logopédicos) un poco, a veces nos da la sensación que se encallan cuando nos quieren decir alguna cosa. Generalmente, a excepción de los casos más graves, lo que ocurre es que nos quieren decir muchas cosas en poco tiempo. Ante esta situación los padres suelen tomar diferentes medidas para intentar ayudar a solucionar este problema de su hijo, sin embargo, estas soluciones a menudo resultan contraproducentes, puesto que lo que nos sugiere el sentido común son herramientas que frecuentemente pueden agravar el problema. A continuación os presentamos unas orientaciones prácticas que pueden resultar de vuestro interés:
  • Mantener un ritmo de parla adecuado, especialmente en cuanto a la velocidad, intentando no presentar un ritmo de parla muy rápido. A veces no nos damos cuenta y hablamos muy rápido, lo que provoca que el niñ@ quiera hacer lo mismo y probablemente no esté capacitado para hacerlo, con lo cual aparece el tartamudeo.
  • No acabar nunca aquello que está diciendo, darle tiempo para que responda tranquilamente. Si lo presionamos o terminamos aquello que está diciendo provocamos cierta ansiedad que provoca un malestar en el niñ@ y puede provocar un incremento del tartamudeo.
  • No anticipar sus respuestas. Si anticipamos aquello que quiere decir provocaremos que muestre menos interes por comunicarse o bien que se sienta frustrado por no poder comunicar aquello que le gustaria.
  • Darle tiempo para que elabore sus respuestas. La presión del tiempo genera una mayor ansiedad de la que puede provocar la parla en si, con lo que el tartamudeo aumenta.
  • No realizarle más de una demanda de forma consecutiva, darle tiempo entre respuesta y pregunta. Es bueno dejar tiempo para relajar la comunicación y darle tiempo para que elabore su respuesta y después poder realizar la siguiente demanda.
  • Respetar siempre de forma escrupulosa los turnos de palabra. De forma que tenga tiempo de participar en las comunicaciones y no deba precipitarse para poder expresarse.
Como podeís ver la mayoría de orientaciones se refieren básicamente a relajar la comunicación y a proporcionar tiempo para elaborar la comunicación, con estos consejos tal vez no solucionemos del todo el problema y sea necesaria la intervención de un logopeda, sin embargo, seguro que ayudaremos a que la comunicación de nuestr@ hij@ resulte más eficaz y menos frustrante para ell@s. Conviene tener en cuenta que en este tipo de dificultad de la parla juega un papel muy importante el componente ansioso y una elevada sensación de frustración, de forma que en la medida que ayudemos a mejorar en estos aspectos su tartamudez disminuirá con toda seguridad.

martes 3 de julio de 2007

La inteligencia emocional

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En artículos previos publicados en el blog hemos ido comentando el papel importante que juega la dimensión emocional en el desarrollo integral de nuestros hij@s. En el presente artículo introduciremos el concepto de inteligencia emocional.

La clave de la inteligencia emocional, o el hecho de ser inteligente emocionalmente, reside en el grado de conocimiento que la persona tiene de sus propias emociones y sentimientos.

Llegados a este punto, recordemos las tres dimensiones que explican el comportamiento de las personas: pensar, sentir y hacer, o lo que es lo mismo: cognición, emoción y conducta.

Este simple esquema nos ayuda a recordar que nuestras emociones están determinadas por nuestros pensamientos y cogniciones, y al mismo tiempo determinan nuestra conducta o respuesta ante el medio.

Las emociones son alteraciones rápidas de nuestro estado de ánimo que experimentamos sin darnos cuenta. Son producidas por ideas, recuerdos o acontecimientos. La emoción producida da paso a un estado de ánimo que llamamos sentimiento. Por ejemplo: Tras una mala noticia (cognición) aparece una emoción rápida de tristeza (emoción) y nos produce un sentimiento de decaimiento (sentimiento).

Por tanto, vemos que el hecho de conocer qué pensamientos o situaciones problemáticas provocan nuestros estados de ánimo, nos permite poder manejarlos mejor para solucionar los problemas que aquellos generan.

Una actuación inteligente consiste en saber identificar bien el origen y la naturaleza de las emociones en nosotros mismos para poder controlarlas y establecer relaciones adecuadas entre los pensamientos, las emociones y el comportamiento.

Saber convivir con las emociones o sentimientos negativos dando paso a las positivas es una muestra de inteligencia emocional. Cuando logramos manejar bien una emoción o estado de ánimo somos capaces de encadenarlos con otro estado de ánimo favorable.