No obstante no hay que considerar estos dos tipos de motivación como totalmente opuestas, ya que podemos pasar de una motivación intrínseca a una extrínseca y viceversa. El elemento externo que nos motivaba a realizar un determinado tipo de conductas podemos interiorizarlo y hacerla propio, y del mismo modo un propósito intrínseco nuestro puede pasar a convertirse en una estímulo externo.
viernes, 28 de diciembre de 2007
La motivación humana.
No obstante no hay que considerar estos dos tipos de motivación como totalmente opuestas, ya que podemos pasar de una motivación intrínseca a una extrínseca y viceversa. El elemento externo que nos motivaba a realizar un determinado tipo de conductas podemos interiorizarlo y hacerla propio, y del mismo modo un propósito intrínseco nuestro puede pasar a convertirse en una estímulo externo.
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motivación
miércoles, 19 de diciembre de 2007
El semáforo de las emociones
El semáforo de las emociones, es el nombre que recibe esta sencilla técnica emocional que como su propio nombre indica está enfocada a trabajar la dimensión emocional de los niñ@s (recomendable a partir de 9 años en adelante) y también adolescentes.
En este sentido, podemos decir que los objetivos serían:
- Identificar las emociones.
- Reconocer de que forma se viven o experimentan.
- Aceptar esa emoción en nosotros.
- Tener la capacidad para analizarla y valorar la respuesta adecuada que podemos adoptar.
- Regular la emoción.
El planteamiento de la técnica pasa por darla a conocer al niño de una forma didáctica y amena. Para ello se dibuja un semáforo tradicional en una hoja, pizarra… donde se marcan claramente las tres luces (roja, ámbar y amarilla). Posteriormente se explica lo que significa da luz:
LUZ ROJA: IDENTIFICAR LA EMOCIÓN.
La luz roja significa que nos tenemos que parar, tal y como lo haríamos en un semáforo de tráfico, quedarnos quietos y a continuación pensar y describir que emoción estamos experimentando (enfado, rabia, tristeza, alegría, rabia, vergüenza…)
En la luz ámbar el alumno tiene que pensar cual es el problema, cual es la causa que provoca ese estado emocional, por qué está alegre, por qué siente vergüenza…
LUZ VERDE: EXPRESAR LAS EMOCIONES
Para pasar a la luz verde, el alumno ha de pensar en primer lugar cual es la mejor manera de expresar la emoción y en segundo lugar cual es la mejor salida o comportamiento a adoptar ante la emoción que estamos experimentando para que podamos solucionar la situación.
Por tanto a la vista de la explicación, observamos que la técnica del semáforo no sólo se centre en la dimensión emocional de la personal, sino que también hace incidencia en los comportamientos o conductas que provocan en nosotros las emociones.
“A Víctor le quitan la pelota en el patio, cuando se da cuenta grita, insulta y pega al compañero que le ha quitado la pelota”
Luz roja: ¿Qué emoción he experimentado? Rabia, enfado y miedo.
Luz ámbar: ¿Cual es el problema? No me gusta que me quiten mis cosas, ya que luego se pueden perder.
Enfado: No me gusta que me quiten mis cosas porque no quiero perderlas.
Rabia: Le daré una patada o un puñetazo al niño que me la ha quitado.
Miedo: Mi madre o mi profesor me reñirán cuando les diga que no tengo la pelota.
Luz verde: ¿Qué puedo hacer?
Explicarle que estoy preocupado porque me la pierda.
Decirle que si se la dejo, él se responsabilice luego de devolvérmela.
Explicarle al profesor la situación o al acuerdo que he llegado con mi amigo.
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domingo, 16 de diciembre de 2007
Problemas de conducta: ¿Qué puedo hacer? (2 parte)
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martes, 4 de diciembre de 2007
Problemas de conducta: ¿Qué puedo hacer?
Conductas agresivas, disruptivas, llamativas… impulsividad, rabietas, lloros, restricción social, negativismo, apatía, rebeldía… ¡S.O.S! ¡Ya no se qué hacer!
Los p
roblemas de conducta están a la orden del día en los hogares familiares y en las aulas de los colegios. La primera consideración que deberíamos hacer es que los alumnos que tienen malas conductas no lo hacen porque sí, sino que siempre es consecuencia de algo. Podríamos hacer un símil con los icebergs, donde la parte visible corresponde a la conducta, pero que queda oculta otra gran parte que corresponderían a los factores que nos llevan a realizar tal conducta.
Es por ello que nuestros esfuerzos como docentes y padres, no sólo deben estar encaminados a solucionar, mejorar o modificar la conducta, sino que paralelamente se debe trabajar sobre los factores causantes de esta conducta.
Podemos introducir refuerzos positivos como incentivo para conseguir o incrementar una conducta deseada en nuestros alumnos o hijos. De esta manera estas conductas tenderán a repetirse con mayor frecuencia. El tipo de refuerzo que podemos utilizar es muy amplio, pasando por refuerzos materiales (premios) y acabando en los refuerzos sociales (reconocimiento público, privilegios, elogios…). No obstante estos refuerzos harán que la motivación del niño para realizar tal conducta sea de tipo externo, lo que significa que en el momento en que retiramos tal refuerzo la conducta deseada pierde fuerza. Es por ello que el refuerzo más efectivo, a la vez que el más difícil de conseguir es el autorefuerzo, es decir, aquel en el que el alumno aprende a valorar su el esfuerzo por sí solo y la motivación para la realización de la misma es pues de carácter interno.
Por e
l contrario, también podemos utilizar el refuerzo para intentar disminuir una conducta no deseada o inapropiada. En este sentido el refuerzo tiene una connotación negativa y pasa a convertirse en castigo. Debemos resaltar que la aplicación del castigo requiere de unas condiciones específicas, por lo que no debemos castigar sin más. Resaltemos alguna de las características sobre cómo aplicar el castigo:- En primer lugar, el castigo debe ser conocido por el niño, ya que previamente le hemos explicado y anticipado las consecuencias que tendría la realización de una conducta inapropiada.
- Debemos verbalizar que castigamos la conducta, y que estamos enfadados por la conducta, pero sin atacar nunca a la persona.
- El castigo ha de ser inmediato a la conducta, sin dejar tiempo de por medio, ya que entonces corremos el riesgo de que el niño no asocie el castigo a la conducta realizada, por lo que entonces el castigo perdería todo su efecto.
- Una vez aplicado el castigo debemos conversar y razonar con nuestro alumno, analizando la situación y buscando alternativas y soluciones para que no se repitan los acontecimientos.
Pero para disminuir una conducta inapropiada, no siempre tenemos que recurrir al castigo, sino que podemos ignorarla. En ocasiones muchas conductas inadecuadas (tal y como las rabietas, conductas llamativas, el negativismo, las provocaciones…. buscan conseguir una reacción en el adulto. Es por ello que si la ignoramos y le hacemos caso omiso, la conducta no consigue su finalidad inicial y acaba extinguiéndose. Una de las principales conductas de extinción es la técnica del “tiempo fuera” que consiste en colocar al alumno en un lugar donde los estímulos que reciba sean mínimos, en un sitio apartado de clase, en una habitación contigua a donde están los padres… Al igual que sucedía en el castiga este tipo de técnica requiere una explicación previa y posterior para que el niño o alumno entienda lo que ha pasado.
De forma paralela a la aplicación de estas técnicas, deben proporcionarse los siguientes contextos relacionales:
- Ayudarle a identificar el problema y el porque de sus conductas inadecuadas.
- Intentar evita la presión y la amenaza.
- Crear un clima de empatía y diálogo que permita al alumno explicarse y comentar sus problemas.
- Sugerir, cooperar, colaborar en vez de mandar u obligar.
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