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viernes, 28 de diciembre de 2007

La motivación humana.

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“No estoy motivado para hacer esto...” “a esta persona hace falta que la motiven...” “en este colegio se da una buena motivación a los alumnos...” “esta triste, esta falto de motivación...” “este empleo no me motiva para nada...”
Estas frases, entre otras, tan repetidas en la actualidad, son un reflejo de la importancia que la motivación tiene en nuestras vidas. La motivación es un papel fundamental para poder irnos realizando como personas. Sin motivación no avanzamos, nos quedamos estancados y permanecemos erráticos durante nuestra vida. Con motivación evolucionamos y nos realizamos personalmente.
Varias son las teorías o corrientes de pensamiento que han analizado todo lo que rodea a la motivación humana. Entre otras citaremos a las teorías conductistas, que entienden la motivación en relación a un aprendizaje previo que influye en la realización o no de una determinada conducta. Según esta corriente psicológica, toda conducta es explicable en términos de respuesta a los estímulos externos. Las teorías humanistas (con A. Maslow como máximo representante) entienden la motivación como los mecanismos necesarios para ir adquiriendo unas necesidades que el ser humano tiene. Por otro lado, las teorías cognitivas ponen especial atención a la hora de explicar la motivación humana en los mecanismos o teorías que utilizamos los seres humanos para interpretar los acontecimientos que nos suceden y de este modo reaccionar de una determinada forma u otra.
No hay una teoría mejor ni peor, tal vez hayan teorías más acertadas o menos acertadas, pero todas tienen su parte de veracidad y todas se complementan mútuamente.
Pero situándonos en un punto de vista más práctico y simplificando todas estas complejas teorías que hemos estado viendo, diríamos que nadie dudaría hoy en día de que existen dos tipos de motivaciones diferentes, la motivación intrínseca y la motivación extrínseca. La motivación intrínseca es aquella que surge de la propia persona, la cual te acciona y te conduce hasta la acción por motivos principalmente internos, mientras que la motivación extrínseca es aquella que te activa hacia la acción a partir de estímulos externos.
En la sociedad actual se dan las dos de igual modo, pero a nuestro parecer personal consideramos más fructíferas las motivaciones intrínsecas. Con esto no es que estemos rechazando las teorías conductistas y poniéndonos de lado de las teorías humanísticas, ya que ambas plantean postulados totalmente acertados y reflejados en la vida cotidiana, simplemente creemos que la motivación intrínseca comporta más beneficios para la persona que una motivación extrínseca, aunque las dos provoquen el mismo número de conductas. La motivación intrínseca suele ser más eficaz, ya que las suelen salir mejor las cosas al poner más interés y ganas.
En la extrínseca nos movemos por motivos externos, obligados, y aunque sea cierto que estos nos atraen y nos conllevan a hacer determinados tipos de conductas, son impuestos des de fuera y no se harán con las mismas ganas que las conductas que tú mismo te propones. Hoy en día el dinero, el prestigio y el reconocimiento de nuestros significativos son las fuentes de mayor motivación extrínseca existentes.
No obstante no hay que considerar estos dos tipos de motivación como totalmente opuestas, ya que podemos pasar de una motivación intrínseca a una extrínseca y viceversa. El elemento externo que nos motivaba a realizar un determinado tipo de conductas podemos interiorizarlo y hacerla propio, y del mismo modo un propósito intrínseco nuestro puede pasar a convertirse en una estímulo externo.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

El semáforo de las emociones

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Este artículo tiene como finalidad acercaros el conocimiento de un tipo de técnica que pensamos que os puede ser de utilidad en la educación de vuestros hij@s y alumn@s.
Antes de adentrarnos en la explicación de la misma, es importante tener clara la premisa de que es posible educar las emociones. En un anterior artículo publicado en este blog podéis encontrar más información acerca del tema, pero de forma resumida podemos decir que no es otra cosa que enseñar las emociones, ayudarles a identificarlas, reconocerlas y expresarlas.

El semáforo de las emociones, es el nombre que recibe esta sencilla técnica emocional que como su propio nombre indica está enfocada a trabajar la dimensión emocional de los niñ@s (recomendable a partir de 9 años en adelante) y también adolescentes.

En este sentido, podemos decir que los objetivos serían:
- Identificar las emociones.
- Reconocer de que forma se viven o experimentan.
- Aceptar esa emoción en nosotros.
- Tener la capacidad para analizarla y valorar la respuesta adecuada que podemos adoptar.
- Regular la emoción.


El planteamiento de la técnica pasa por darla a conocer al niño de una forma didáctica y amena. Para ello se dibuja un semáforo tradicional en una hoja, pizarra… donde se marcan claramente las tres luces (roja, ámbar y amarilla). Posteriormente se explica lo que significa da luz:

LUZ ROJA: IDENTIFICAR LA EMOCIÓN.

La luz roja significa que nos tenemos que parar, tal y como lo haríamos en un semáforo de tráfico, quedarnos quietos y a continuación pensar y describir que emoción estamos experimentando (enfado, rabia, tristeza, alegría, rabia, vergüenza…)
LUZ AMBAR: DETENERSE A REFLEXIONAR

En la luz ámbar el alumno tiene que pensar cual es el problema, cual es la causa que provoca ese estado emocional, por qué está alegre, por qué siente vergüenza…

LUZ VERDE: EXPRESAR LAS EMOCIONES

Para pasar a la luz verde, el alumno ha de pensar en primer lugar cual es la mejor manera de expresar la emoción y en segundo lugar cual es la mejor salida o comportamiento a adoptar ante la emoción que estamos experimentando para que podamos solucionar la situación.

Por tanto a la vista de la explicación, observamos que la técnica del semáforo no sólo se centre en la dimensión emocional de la personal, sino que también hace incidencia en los comportamientos o conductas que provocan en nosotros las emociones.
Veamos a continuación un ejemplo:

“A Víctor le quitan la pelota en el patio, cuando se da cuenta grita, insulta y pega al compañero que le ha quitado la pelota”

Luz roja: ¿Qué emoción he experimentado? Rabia, enfado y miedo.

Luz ámbar: ¿Cual es el problema? No me gusta que me quiten mis cosas, ya que luego se pueden perder.

Enfado: No me gusta que me quiten mis cosas porque no quiero perderlas.
Rabia: Le daré una patada o un puñetazo al niño que me la ha quitado.
Miedo: Mi madre o mi profesor me reñirán cuando les diga que no tengo la pelota.

Luz verde: ¿Qué puedo hacer?
Hablar con mi amigo y decirle que me devuelva la pelota.
Explicarle que estoy preocupado porque me la pierda.
Decirle que si se la dejo, él se responsabilice luego de devolvérmela.
Explicarle al profesor la situación o al acuerdo que he llegado con mi amigo.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Problemas de conducta: ¿Qué puedo hacer? (2 parte)

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En el anterior artículo estuvimos hablando sobre algunas técnicas para suprimir y corregir los problemas de conducta más habituales en nuestros hij@s y alumn@s, siendo estas las conocidas técnicas de modificación de la conducta, basadas principalmente en los principios del refuerzo o castigo.

No obstante, aunque menos conocidas, y sobretodo menos aplicadas, existen otras dos técnicas efectivas no sólo para eliminar conductas no deseados sino más bien para implantar conductas de tipo adaptativo en los niñ@s.


Las primeras son las técnicas instruccionales. Sus principios residen en asegurarse que el alumno conoce las conductas deseadas. En ocasiones caemos en el eror de castigar y reñir las conductas no deseadas, sin acompañar una explicación de cómo debería ser la conducta correcta en ese contexto. En este sentido, en aquellos alumnos que están muy lejos de la conducta deseada, se hace necesario planificar pasos graduales e irlos explicitando y exigiendo gradualmente.

Pensemos en la sigiente situación: un alumno continuamente interrumple la clase haciendo ruiditos con la boca. En primer lugar hemos de describirle el problema: Los ruiditos con la boca no son adecuados. En segundo lugar hemos de darle información del por qué de la conducta problemática: Los ruidos que haces con la boca molestan y distraen al profesor y a compañeros. En tercer lugar hemos de expresarle los sentimientos que provocan en nosotros tal conducta: Los ruiditos me molestan, me ponen nerviosos y hace que no os pueda explicar bien la lección. En cuarto lugar creamos un codigo a nivel oral y escrito que nos permita a los dos recordar que hemos de dejar de hacer tal conducta. En quinto lugar hemos de manifestarle nuestras expectativas: me gustaría que durante esta clase intentaras no hacer ningún ruido con la boca molesto. En sexto y último luger se trataría de poder dar opciones y resolver conjuntamente la situación.


Las segundas son las técnicas basadas en la interrelación, cuyo principio básico es que la relación positiva entre padres y alumnos o profesor y alumnos es el factor más importante en la modificación de las conductas. El hecho de que se sientan escuchados, comprendidos, ayudados... es a veces más potente que el hecho de que se les esté continuamente castigando. En este sentido pues, podemos adoptar una relación empática con nustro alumno, analizando los por qué y generando alternativas, reduciendo la amenzada y favoreciendo el diálogo...

martes, 4 de diciembre de 2007

Problemas de conducta: ¿Qué puedo hacer?

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Conductas agresivas, disruptivas, llamativas… impulsividad, rabietas, lloros, restricción social, negativismo, apatía, rebeldía… ¡S.O.S! ¡Ya no se qué hacer!

Los problemas de conducta están a la orden del día en los hogares familiares y en las aulas de los colegios. La primera consideración que deberíamos hacer es que los alumnos que tienen malas conductas no lo hacen porque sí, sino que siempre es consecuencia de algo. Podríamos hacer un símil con los icebergs, donde la parte visible corresponde a la conducta, pero que queda oculta otra gran parte que corresponderían a los factores que nos llevan a realizar tal conducta.
Es por ello que nuestros esfuerzos como docentes y padres, no sólo deben estar encaminados a solucionar, mejorar o modificar la conducta, sino que paralelamente se debe trabajar sobre los factores causantes de esta conducta.


No obstante, en nuestra práctica diaria nos encontramos profesores y padres que nos demandan soluciones rápidas, de ahí que en este primer artículo y en un futuro segundo artículo dediquemos a ofreceros algunas técnicas para favorecer los comportamientos deseados. En este primer artículo nos centraremos en las técnicas de modificación de la conducta a través del uso de los refuerzos, mientras que en la segundo entrega veremos técnicas más de tipo instrumental o de modelaje.

Podemos introducir refuerzos positivos como incentivo para conseguir o incrementar una conducta deseada en nuestros alumnos o hijos. De esta manera estas conductas tenderán a repetirse con mayor frecuencia. El tipo de refuerzo que podemos utilizar es muy amplio, pasando por refuerzos materiales (premios) y acabando en los refuerzos sociales (reconocimiento público, privilegios, elogios…). No obstante estos refuerzos harán que la motivación del niño para realizar tal conducta sea de tipo externo, lo que significa que en el momento en que retiramos tal refuerzo la conducta deseada pierde fuerza. Es por ello que el refuerzo más efectivo, a la vez que el más difícil de conseguir es el autorefuerzo, es decir, aquel en el que el alumno aprende a valorar su el esfuerzo por sí solo y la motivación para la realización de la misma es pues de carácter interno.

Por el contrario, también podemos utilizar el refuerzo para intentar disminuir una conducta no deseada o inapropiada. En este sentido el refuerzo tiene una connotación negativa y pasa a convertirse en castigo. Debemos resaltar que la aplicación del castigo requiere de unas condiciones específicas, por lo que no debemos castigar sin más. Resaltemos alguna de las características sobre cómo aplicar el castigo:
- En primer lugar, el castigo debe ser conocido por el niño, ya que previamente le hemos explicado y anticipado las consecuencias que tendría la realización de una conducta inapropiada.
- Debemos verbalizar que castigamos la conducta, y que estamos enfadados por la conducta, pero sin atacar nunca a la persona.
- El castigo ha de ser inmediato a la conducta, sin dejar tiempo de por medio, ya que entonces corremos el riesgo de que el niño no asocie el castigo a la conducta realizada, por lo que entonces el castigo perdería todo su efecto.
- Una vez aplicado el castigo debemos conversar y razonar con nuestro alumno, analizando la situación y buscando alternativas y soluciones para que no se repitan los acontecimientos.

Pero para disminuir una conducta inapropiada, no siempre tenemos que recurrir al castigo, sino que podemos ignorarla. En ocasiones muchas conductas inadecuadas (tal y como las rabietas, conductas llamativas, el negativismo, las provocaciones…. buscan conseguir una reacción en el adulto. Es por ello que si la ignoramos y le hacemos caso omiso, la conducta no consigue su finalidad inicial y acaba extinguiéndose. Una de las principales conductas de extinción es la técnica del “tiempo fuera” que consiste en colocar al alumno en un lugar donde los estímulos que reciba sean mínimos, en un sitio apartado de clase, en una habitación contigua a donde están los padres… Al igual que sucedía en el castiga este tipo de técnica requiere una explicación previa y posterior para que el niño o alumno entienda lo que ha pasado.

De forma paralela a la aplicación de estas técnicas, deben proporcionarse los siguientes contextos relacionales:
- Ayudarle a identificar el problema y el porque de sus conductas inadecuadas.
- Intentar evita la presión y la amenaza.
- Crear un clima de empatía y diálogo que permita al alumno explicarse y comentar sus problemas.
- Sugerir, cooperar, colaborar en vez de mandar u obligar.