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domingo 30 de diciembre de 2007

El tutor y las dificultades de aprendizaje

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Nuestra experiencia nos dice que un tutor, sea del curso que sea, puede conseguir que un/a alumn@ con dificultades de aprendizaje levante cabeza, se sienta bien dentro del grupo y por tanto, mejore sensiblemente su rendimiento académico. Lamentablemente, también tiene el “poder” para hundirlo, que empeore su conducta, su desarrollo social y consecuentemente su rendimiento académico.

Realmente puede resultar igual de sencillo, por duro que sea decirlo, hacer una cosa que otra, todo depende de la actitud y el interés del/la maestr@. Aquí surge una pregunta muy importante:

¿Tiene derecho un profesor/a a perjudicar el estado emocional y desarrollo de los aprendizajes del/la alumn@? Tenemos que tener en cuenta que esto puede pasar durante un curso o incluso un ciclo educativo entero ...

La clave a veces no reside tanto en la aptitud pedagógica de/la maestr@ (que es muy importante sin duda), sino en su actitud e interés en el progreso general de sus alumn@s. He aquí unas indicaciones que permitirán esta actitud y revertirán directamente en el alumnado:

  • ·Creer en él/ella, darle la posibilidad de que se desarrolle al máximo de sus posiblidades, tan solo creyendo que es capaz de mejorar y sacar un mayor partido de su trabajo escolar.
  • Tener preparada siempre una sonrisa, una palabra amable, cordial (la actitud del alumno cambiará en el momento en que vea que nuestra actitud es buena para con él, a veces no inmediatamente pero si no lo hará con el tiempo).
  • Ser cuidadoso con las correcciones, debemos quitar de nuestro vocabulario expresiones como:

o Muy deficiente

o Insuficiente

o No te has esforzado

o

Estos mensajes deben ser substituidos por mensajes que incluyan claves para corregir los errores y la valoración de las actividades del alumno deben incluir orientaciones de cara al progreso del alumno, y si es posible dar éstas de forma individual. También tenemos que tener en cuenta que los alumnos acaban por acostumbrarse a este tipo de mensajes, igual que se pueden acostumbrar a los suspensos, lo que no les permite reaccionar ante ellos.

  • Otro aspecto a tener en cuenta es la excesiva utilización del rojo, aunque su uso puede resultar útil para remarcar ciertos aspectos, un uso excesivo puede resultar un tanto agresivo. En este sentido resulta recomendable utilizar un lápiz que permita al alumno corregir aquellos aspectos marcados y luego borrar las marcas.
  • Reconsiderar la mención de frases como “este alumno no debería estar en este colegio”. Tan solo debemos recordar el derecho universal a una educación de calidad. Ante esta situación, tal vez sería bueno que el propio profesor se planteara si él/ella debe estar en esa escuela, ya que no es capaz de proporcionar una respuesta educativa adecuada a esa/e alumn@. Sino debe buscar los recursos que permitan darle una atención adecuada.

Estos son tal vez los aspectos principales en relación a la actitud del educador, solo cambiando ciertos aspectos de nuestra actitud podremos sacar un partido mucho mayor de nuestr@s alumn@s. En un próximo artículo trataré las medidas pedagógicas básicas que se pueden y a menudo se deben tomar.

viernes 28 de diciembre de 2007

La motivación humana.

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“No estoy motivado para hacer esto...” “a esta persona hace falta que la motiven...” “en este colegio se da una buena motivación a los alumnos...” “esta triste, esta falto de motivación...” “este empleo no me motiva para nada...”
Estas frases, entre otras, tan repetidas en la actualidad, son un reflejo de la importancia que la motivación tiene en nuestras vidas. La motivación es un papel fundamental para poder irnos realizando como personas. Sin motivación no avanzamos, nos quedamos estancados y permanecemos erráticos durante nuestra vida. Con motivación evolucionamos y nos realizamos personalmente.
Varias son las teorías o corrientes de pensamiento que han analizado todo lo que rodea a la motivación humana. Entre otras citaremos a las teorías conductistas, que entienden la motivación en relación a un aprendizaje previo que influye en la realización o no de una determinada conducta. Según esta corriente psicológica, toda conducta es explicable en términos de respuesta a los estímulos externos. Las teorías humanistas (con A. Maslow como máximo representante) entienden la motivación como los mecanismos necesarios para ir adquiriendo unas necesidades que el ser humano tiene. Por otro lado, las teorías cognitivas ponen especial atención a la hora de explicar la motivación humana en los mecanismos o teorías que utilizamos los seres humanos para interpretar los acontecimientos que nos suceden y de este modo reaccionar de una determinada forma u otra.
No hay una teoría mejor ni peor, tal vez hayan teorías más acertadas o menos acertadas, pero todas tienen su parte de veracidad y todas se complementan mútuamente.
Pero situándonos en un punto de vista más práctico y simplificando todas estas complejas teorías que hemos estado viendo, diríamos que nadie dudaría hoy en día de que existen dos tipos de motivaciones diferentes, la motivación intrínseca y la motivación extrínseca. La motivación intrínseca es aquella que surge de la propia persona, la cual te acciona y te conduce hasta la acción por motivos principalmente internos, mientras que la motivación extrínseca es aquella que te activa hacia la acción a partir de estímulos externos.
En la sociedad actual se dan las dos de igual modo, pero a nuestro parecer personal consideramos más fructíferas las motivaciones intrínsecas. Con esto no es que estemos rechazando las teorías conductistas y poniéndonos de lado de las teorías humanísticas, ya que ambas plantean postulados totalmente acertados y reflejados en la vida cotidiana, simplemente creemos que la motivación intrínseca comporta más beneficios para la persona que una motivación extrínseca, aunque las dos provoquen el mismo número de conductas. La motivación intrínseca suele ser más eficaz, ya que las suelen salir mejor las cosas al poner más interés y ganas.
En la extrínseca nos movemos por motivos externos, obligados, y aunque sea cierto que estos nos atraen y nos conllevan a hacer determinados tipos de conductas, son impuestos des de fuera y no se harán con las mismas ganas que las conductas que tú mismo te propones. Hoy en día el dinero, el prestigio y el reconocimiento de nuestros significativos son las fuentes de mayor motivación extrínseca existentes.
No obstante no hay que considerar estos dos tipos de motivación como totalmente opuestas, ya que podemos pasar de una motivación intrínseca a una extrínseca y viceversa. El elemento externo que nos motivaba a realizar un determinado tipo de conductas podemos interiorizarlo y hacerla propio, y del mismo modo un propósito intrínseco nuestro puede pasar a convertirse en una estímulo externo.

jueves 20 de diciembre de 2007

Mentiras, ¿qué hay detrás de ellas?¿cómo actuar?

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La mentira es un recurso que hemos utilizado tod@s, no obstante, normalmente, un@ no se sale con la suya. La mentira acostumbra a intentar cubrir miedos, inseguridades o provocar una respuesta con el receptor de la mentira. Se trata de una conducta normal siempre y cuando no se dé con una frecuencia excesiva o pueda provocar males en otr@s.
Resulta frecuente la consulta de padres y madres en que dicen que su hij@ les mienten con mucha frecuencia o incluso se inventa historias a las que es difícil dar crédito y que en ocasiones les pueden haber causado problemas en la escuela o con familiares.
Estas conductas suelen tener una causa psicológica y pueden conllevar un deterio claro y significativo de la convivencia del/la niñ@ con sus padres y entorpecer en gran medida su desarrollo social, provocando desconfianza en aquell@s que l@ rodean.
Aunque no es bueno realizar generalizaciones, en la mayoría de casos con los que hemos trabajado la causa última de las mentiras se hallaba en una clara falta de autoestima, que movía al niñ@ a utilizar este recurso de forma frecuente ya sea con el fin de esconder acciones que no resultan de su agrado o bien de llamar la atención de sus padres, compañer@s y/o familiares. Estas conductas generan malestar en la familia que pueden provocar la instalación de la desconfianza en relación al hij@ y tensar mucho la relación, aunque en algunas ocasiones la presencia de las mentiras puede responder a una demanda de atención por parte de los padres.
En el entorno social puede ocurrir exactamente lo mismo, que el/la niñ@ presente unas escasas habilidades sociales, al mismo tiempo que una baja autoestima, propiciando que ante el bajo valor que le dá a su acontecer prefiera crear un imaginario en un bano intento de compensar esta baja autoestima y de este modo procurar llamar su atención y encontrar su lugar en el entorno social.
Ante estas situaciones, podemos tener en cuenta estas orientaciones:
  • Tomarnos un tiempo para valorar por que nuestr@ hij@ puede adoptar estas conductas.
    • ¿De qué carece?
    • ¿Cúal puede ser la intencionalidad real de estas conductas? No suele ser para provocar.
  • Debemos hablar con él o ella y valorar el por qué de estas conductas, esta charla no debe ser dirigida, es decir, no debemos decirle que debe de dejar de mentir, sino comunicarle nuestra preocupación y buscar formas de solución.
  • Si creemos que tal vez el problema reside en su autoestima es bueno consultar un especialista y valorar como entre tod@s podemos modificar esta percepción de sí mism@.
  • ¿Cómo reaccionar ante las mentiras?
    • No mostrar desconfianza ante nuestr@ hij@
    • Estar muy seguros antes de considerar que aquello que nos dice es mentira, mostrarle confianza.
      • Si nos miente, no debemos darle más importancia que la que realmente tiene y nunca debemos prestarle más atención, aunque sea negativa, a consecuencia de la mentira, sino que aplicaremos algún pequeño castigo que no implique el contacto con nosotr@s. Y después debemos olvidar la mentira.
    • Cuando la mentira implique a otr@s es necesario hablar con el/la niñ@ claramente y aplicar las medidas apropiadas como en el caso anterior. Nunca se lo debe poner en evidencia delante de los demás.
  • En definitiva, la solución pasa por volver a una situación de confianza que permita avanzar hacia una normalización de la relación.

miércoles 19 de diciembre de 2007

El semáforo de las emociones

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Este artículo tiene como finalidad acercaros el conocimiento de un tipo de técnica que pensamos que os puede ser de utilidad en la educación de vuestros hij@s y alumn@s.
Antes de adentrarnos en la explicación de la misma, es importante tener clara la premisa de que es posible educar las emociones. En un anterior artículo publicado en este blog podéis encontrar más información acerca del tema, pero de forma resumida podemos decir que no es otra cosa que enseñar las emociones, ayudarles a identificarlas, reconocerlas y expresarlas.

El semáforo de las emociones, es el nombre que recibe esta sencilla técnica emocional que como su propio nombre indica está enfocada a trabajar la dimensión emocional de los niñ@s (recomendable a partir de 9 años en adelante) y también adolescentes.

En este sentido, podemos decir que los objetivos serían:
- Identificar las emociones.
- Reconocer de que forma se viven o experimentan.
- Aceptar esa emoción en nosotros.
- Tener la capacidad para analizarla y valorar la respuesta adecuada que podemos adoptar.
- Regular la emoción.


El planteamiento de la técnica pasa por darla a conocer al niño de una forma didáctica y amena. Para ello se dibuja un semáforo tradicional en una hoja, pizarra… donde se marcan claramente las tres luces (roja, ámbar y amarilla). Posteriormente se explica lo que significa da luz:

LUZ ROJA: IDENTIFICAR LA EMOCIÓN.

La luz roja significa que nos tenemos que parar, tal y como lo haríamos en un semáforo de tráfico, quedarnos quietos y a continuación pensar y describir que emoción estamos experimentando (enfado, rabia, tristeza, alegría, rabia, vergüenza…)
LUZ AMBAR: DETENERSE A REFLEXIONAR

En la luz ámbar el alumno tiene que pensar cual es el problema, cual es la causa que provoca ese estado emocional, por qué está alegre, por qué siente vergüenza…

LUZ VERDE: EXPRESAR LAS EMOCIONES

Para pasar a la luz verde, el alumno ha de pensar en primer lugar cual es la mejor manera de expresar la emoción y en segundo lugar cual es la mejor salida o comportamiento a adoptar ante la emoción que estamos experimentando para que podamos solucionar la situación.

Por tanto a la vista de la explicación, observamos que la técnica del semáforo no sólo se centre en la dimensión emocional de la personal, sino que también hace incidencia en los comportamientos o conductas que provocan en nosotros las emociones.
Veamos a continuación un ejemplo:

“A Víctor le quitan la pelota en el patio, cuando se da cuenta grita, insulta y pega al compañero que le ha quitado la pelota”

Luz roja: ¿Qué emoción he experimentado? Rabia, enfado y miedo.

Luz ámbar: ¿Cual es el problema? No me gusta que me quiten mis cosas, ya que luego se pueden perder.

Enfado: No me gusta que me quiten mis cosas porque no quiero perderlas.
Rabia: Le daré una patada o un puñetazo al niño que me la ha quitado.
Miedo: Mi madre o mi profesor me reñirán cuando les diga que no tengo la pelota.

Luz verde: ¿Qué puedo hacer?
Hablar con mi amigo y decirle que me devuelva la pelota.
Explicarle que estoy preocupado porque me la pierda.
Decirle que si se la dejo, él se responsabilice luego de devolvérmela.
Explicarle al profesor la situación o al acuerdo que he llegado con mi amigo.

domingo 16 de diciembre de 2007

Problemas de conducta: ¿Qué puedo hacer? (2 parte)

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En el anterior artículo estuvimos hablando sobre algunas técnicas para suprimir y corregir los problemas de conducta más habituales en nuestros hij@s y alumn@s, siendo estas las conocidas técnicas de modificación de la conducta, basadas principalmente en los principios del refuerzo o castigo.

No obstante, aunque menos conocidas, y sobretodo menos aplicadas, existen otras dos técnicas efectivas no sólo para eliminar conductas no deseados sino más bien para implantar conductas de tipo adaptativo en los niñ@s.


Las primeras son las técnicas instruccionales. Sus principios residen en asegurarse que el alumno conoce las conductas deseadas. En ocasiones caemos en el eror de castigar y reñir las conductas no deseadas, sin acompañar una explicación de cómo debería ser la conducta correcta en ese contexto. En este sentido, en aquellos alumnos que están muy lejos de la conducta deseada, se hace necesario planificar pasos graduales e irlos explicitando y exigiendo gradualmente.

Pensemos en la sigiente situación: un alumno continuamente interrumple la clase haciendo ruiditos con la boca. En primer lugar hemos de describirle el problema: Los ruiditos con la boca no son adecuados. En segundo lugar hemos de darle información del por qué de la conducta problemática: Los ruidos que haces con la boca molestan y distraen al profesor y a compañeros. En tercer lugar hemos de expresarle los sentimientos que provocan en nosotros tal conducta: Los ruiditos me molestan, me ponen nerviosos y hace que no os pueda explicar bien la lección. En cuarto lugar creamos un codigo a nivel oral y escrito que nos permita a los dos recordar que hemos de dejar de hacer tal conducta. En quinto lugar hemos de manifestarle nuestras expectativas: me gustaría que durante esta clase intentaras no hacer ningún ruido con la boca molesto. En sexto y último luger se trataría de poder dar opciones y resolver conjuntamente la situación.


Las segundas son las técnicas basadas en la interrelación, cuyo principio básico es que la relación positiva entre padres y alumnos o profesor y alumnos es el factor más importante en la modificación de las conductas. El hecho de que se sientan escuchados, comprendidos, ayudados... es a veces más potente que el hecho de que se les esté continuamente castigando. En este sentido pues, podemos adoptar una relación empática con nustro alumno, analizando los por qué y generando alternativas, reduciendo la amenzada y favoreciendo el diálogo...

Orientaciones para la trabajo del TDAH en el aula

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A partir de nuestro trabajo para la realización de la charla sobre TDAH y adaptaciones curriculares, elaboramos a partir de diferentes fuentes una serie de orientaciones que consideramos se deberian tener en cuenta en el abordaje del TDAH en el aula.
Ciertamente el trabajo del TDAH en el aula no es tan difícil si realmente se conoce como se debe realizar, aquí os proponemos una serie de pautas, organizadas por bloques:

DIDÁCTICA
  • Órdenes precisas y claras y en un lenguaje positivo.
  • Asegurarse realmente de que la instrucción o mensaje se ha entendido.
  • Explicaciones en clase que resulten motivadoras, dinámicas y que permitan la máxima participación del alumno.
  • Utilizar diferentes registros.
  • Repetición de instrucciones por parte del profesor.
  • Mantener contacto visual.
  • Evitar exceso de estimulación.
  • Explicar al niño lo que se espera de él.
  • Ser concretos en las demandas, si hace falta individualmente.

ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO
  • Tener ordenado y organizado su espacio de trabajo (dar un tiempo diario si hace falta)
  • Supervisión frecuente por parte del adulto.
  • Organizar los horarios y posarlos en un sitio visible.
  • Utilización de la agenda para mejorar la organización personal y al mismo tiempo comunicación escuela familia.

ENTORNO DE AULA
  • Evitar estímulos distractores que estén situados cerca del alumno (murales, ventana...)Ubicación en la clase en las primeras filas.
  • Anticipar los cambios.
  • Ofrecer un entorno estructurado, con recordatorios, repeticiones ...

TRABAJO / ACTIVIDADES.
  • Combinar cortos periodos de atención con acción manipulativa.
  • Combinar diferentes formatos o tipo de actividades.
  • Dar más tiempo para la realización de las actividades.
  • Actividades cortas y secuenciadas, contemplando la posibilidad de que pueda moverse pasado un tiempo determinado.
  • Actividades ajustadas a sus capacidades.
  • Reducción de las actividades:"menos se más"
  • Permitir ratos y momentos de descarga física (por ejemplo participando en las rutinas o encargos de clase)
  • Permitir los movimientos del niño que no molesten al trabajo propio y ajeno.
  • Material atractivo, con predominio de contenido visual.
  • Estrategias de reflexión (Técnica STOP: paro,miro, decido, sigo, repaso)

EVALUACIÓN
  • Adaptar las estructuras y el formato del examen.
  • Destacar en el enunciado de las preguntas la palabra clave.
  • Reducir el número de preguntas.
  • Evaluación continuada dando importancia a la evaluación oral y al proceso.
  • Dar más tiempo para la realización de pruebas escritas.
  • Fijarse más en la calidad de la tarea que en la cantidad.

COMPORTAMIENTO
  • Formular normas y límites muy claras y precisas, a ser posible en positivo, así como las consecuencias.
  • Mantener unidad de criterios entre el profesorado
  • No castigar en exceso.
  • Utilizar el verbo "estar" que no el "ser"
  • Para evitar que se levante a menudo hay que recordar la norma antes de empezar la clase
  • Pactar con él una señal privada que le recuerde tal norma
  • Asegurarnos de que tiene todo el material disponible para hacer su tarea, decirle a menudo que se está comportando bien.
  • Uso de técnicas de control conductual.

viernes 7 de diciembre de 2007

Previos a la lectura y la escritura

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Hoy en día se pretende que todos l@s niñ@s lleguen a 1º de Primaria (6 años) con la lectura y la escritura en un nivel de desarrollo avanzado, no obstante, es importante tener en cuenta que no tod@s siguen un mismo ritmo de desarrollo en diferentes ámbitos. Este hecho y la presión que a menudo se realiza sobre l@s alumn@s provoca que se den bloqueos en el aprendizaje de la lectoescritura o bien que esta se desarrolle de forma deficiente, generalmente afectando a los procesos de comprensión de esta, ya que la parte mecánica a menudo resulta más fácil de adquirir.

Ante esta perspectiva nos debemos plantear que aspectos resultan previos para que puedan adquirir correctamente estos procesos de aprendizaje tan importantes, ante esta situación si detectamos dificultades en alguna de estas áreas será conveniente tomar las medidas que sean oportunas.

A continuación os presento una lista de aquellos aspectos previos que debemos tener en cuenta:

  • Alcanzar un buen nivel de desarrollo del lenguaje oral, a esta edad ya se deben haber superado las principales dificultades en relación a la articulación, así como el lenguaje debe presentar unas nociones básicas adecuadas de temporalidad y tampoco se deben presentar errores gramaticales relevantes.
  • En cuanto a la temporalidad, ya tratábamos en un anterior artículo la importancia de la orientación temporal en el desarrollo de la lectoescritura.
  • Debe ser capaz de seguir ritmos externos y presentar una capacidad suficiente de inhibición, la cual le permita dirigir su atención hacia los contenidos relevantes, ya sean propios del aula o aquello referente a la lectura y escritura.
  • Adquirir un nivel adecuado de contralateralidad en sus movimientos, es decir, ser capaz de coordinar movimientos entre los dos lados del cuerpo ( en definitiva que los dos puedan funcionar como una unidad) y haber asentado convenientemente la binocularidad. En este sentido no podemos menospreciar la importancia del desarrollo del cuerpo calloso en la transmisión de la información interhemisférica.
  • Haber asentado adecuadamente los procesos de lateralidad, presentando una dominancia clara, ya sea diestra o zurda, pero que le permita tener unos referentes espaciales claros.
  • En un mismo orden de cosas, se debe poseer un buen desarrollo del esquema corporal, aspecto que le facilitará empezar a dominar conceptos espaciales básicos como derecha, izquierda, arriba, abajo, detrás, delante, a un lado, …
  • Poseer un dominio suficiente de la mano que le permita realizar los trazos propios de la escritura, aunque seguramente este dominio aún será un tanto tosco.
  • Poseer un buen desarrollo de las habilidades visuales y de la capacidad de escucha. Durante el periodo de Educación infantil, deben haber ido progresando en habilidades visuales como la visomotricidad, los movimientos sacádicos y la acomodación que le podrán permitir asimilar convenientemente la lectura y la escritura.
  • Del mismo modo resulta necesario asegurar que el desarrollo de la memoria visual y auditiva, siga su curso adecuadamente, ya que sino también nos encontraremos con más problemas a posteriori.
  • Un último punto, aunque no por ello menos importante, resulta la necesidad de que el alumn@ haya desarrollado mínimamente cierta autonomía y sentido de la responsabilidad, evidentemente acorde a su edad, lo que les permitirá desarrollar unas bases emocionales suficientes para afrontar con cierta seguridad este aprendizaje, al mismo tiempo que les permitirá adaptarse al ritmo de su nueva etapa educativa.

De este modo podemos ver con claridad la importancia de todos estos aspectos en el desarrollo del aprendizaje por excelencia, es por esto necesario valorar todos estos puntos y poner remedio para poder ponerl@s en una situación de éxito ante la lectoescritura, sino provocaremos que tarde o temprano surjan dificultades que con un poco más de tiempo podríamos haber subsanado.

martes 4 de diciembre de 2007

Problemas de conducta: ¿Qué puedo hacer?

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Conductas agresivas, disruptivas, llamativas… impulsividad, rabietas, lloros, restricción social, negativismo, apatía, rebeldía… ¡S.O.S! ¡Ya no se qué hacer!

Los problemas de conducta están a la orden del día en los hogares familiares y en las aulas de los colegios. La primera consideración que deberíamos hacer es que los alumnos que tienen malas conductas no lo hacen porque sí, sino que siempre es consecuencia de algo. Podríamos hacer un símil con los icebergs, donde la parte visible corresponde a la conducta, pero que queda oculta otra gran parte que corresponderían a los factores que nos llevan a realizar tal conducta.
Es por ello que nuestros esfuerzos como docentes y padres, no sólo deben estar encaminados a solucionar, mejorar o modificar la conducta, sino que paralelamente se debe trabajar sobre los factores causantes de esta conducta.


No obstante, en nuestra práctica diaria nos encontramos profesores y padres que nos demandan soluciones rápidas, de ahí que en este primer artículo y en un futuro segundo artículo dediquemos a ofreceros algunas técnicas para favorecer los comportamientos deseados. En este primer artículo nos centraremos en las técnicas de modificación de la conducta a través del uso de los refuerzos, mientras que en la segundo entrega veremos técnicas más de tipo instrumental o de modelaje.

Podemos introducir refuerzos positivos como incentivo para conseguir o incrementar una conducta deseada en nuestros alumnos o hijos. De esta manera estas conductas tenderán a repetirse con mayor frecuencia. El tipo de refuerzo que podemos utilizar es muy amplio, pasando por refuerzos materiales (premios) y acabando en los refuerzos sociales (reconocimiento público, privilegios, elogios…). No obstante estos refuerzos harán que la motivación del niño para realizar tal conducta sea de tipo externo, lo que significa que en el momento en que retiramos tal refuerzo la conducta deseada pierde fuerza. Es por ello que el refuerzo más efectivo, a la vez que el más difícil de conseguir es el autorefuerzo, es decir, aquel en el que el alumno aprende a valorar su el esfuerzo por sí solo y la motivación para la realización de la misma es pues de carácter interno.

Por el contrario, también podemos utilizar el refuerzo para intentar disminuir una conducta no deseada o inapropiada. En este sentido el refuerzo tiene una connotación negativa y pasa a convertirse en castigo. Debemos resaltar que la aplicación del castigo requiere de unas condiciones específicas, por lo que no debemos castigar sin más. Resaltemos alguna de las características sobre cómo aplicar el castigo:
- En primer lugar, el castigo debe ser conocido por el niño, ya que previamente le hemos explicado y anticipado las consecuencias que tendría la realización de una conducta inapropiada.
- Debemos verbalizar que castigamos la conducta, y que estamos enfadados por la conducta, pero sin atacar nunca a la persona.
- El castigo ha de ser inmediato a la conducta, sin dejar tiempo de por medio, ya que entonces corremos el riesgo de que el niño no asocie el castigo a la conducta realizada, por lo que entonces el castigo perdería todo su efecto.
- Una vez aplicado el castigo debemos conversar y razonar con nuestro alumno, analizando la situación y buscando alternativas y soluciones para que no se repitan los acontecimientos.

Pero para disminuir una conducta inapropiada, no siempre tenemos que recurrir al castigo, sino que podemos ignorarla. En ocasiones muchas conductas inadecuadas (tal y como las rabietas, conductas llamativas, el negativismo, las provocaciones…. buscan conseguir una reacción en el adulto. Es por ello que si la ignoramos y le hacemos caso omiso, la conducta no consigue su finalidad inicial y acaba extinguiéndose. Una de las principales conductas de extinción es la técnica del “tiempo fuera” que consiste en colocar al alumno en un lugar donde los estímulos que reciba sean mínimos, en un sitio apartado de clase, en una habitación contigua a donde están los padres… Al igual que sucedía en el castiga este tipo de técnica requiere una explicación previa y posterior para que el niño o alumno entienda lo que ha pasado.

De forma paralela a la aplicación de estas técnicas, deben proporcionarse los siguientes contextos relacionales:
- Ayudarle a identificar el problema y el porque de sus conductas inadecuadas.
- Intentar evita la presión y la amenaza.
- Crear un clima de empatía y diálogo que permita al alumno explicarse y comentar sus problemas.
- Sugerir, cooperar, colaborar en vez de mandar u obligar.